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Los valientes están dispuestos a morir, si es necesario, para salvar la vida de los niños en Rébsamen

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Foto de Internet/ Dale me gusta si apoyas a Carmen Aristegui



Y pasó el mediodía, 32 años años después de la tragedia de 1985. Y el movimiento de la tierra volvió a llevarse a cientos en la capital del país. Y sí, otra vez, como en esa mañana de 19 de septiembre, niños quedaron entre los escombros. 

 Ayer, a las 13:14 horas, justo después de un simulacro que algunos decidieron ignorar, un movimiento telúrico sacudió a la Ciudad de México, edificios se desplomaron y menores perdieron la vida en el Colegio Enrique Rébsamen, Copa, el cual quedó en ruinas. 

 Ahora padres circulan por la zona, en los límites de Tlalpan, preguntando por sus hijos. Y las labores avanzan, entre los alrededor de 200 marinos, soldados, policías, voluntarios y “Topos’’, quienes aún buscan señales de vida entre la devastación.

 Desde anoche, cuando videos de los niños atrapados ya circulaban en redes sociales, brigadas se formaron en Benito Juárez -y demás demarcaciones-. 

Motociclistas y paramédicos, cargados de víveres, medicamentos y lámparas formaron una fila que atravesó División del Norte (área donde varias edificaciones se cayeron) y llegó hasta el Colegio, donde se levantan las manos para guardar silencio y escuchar, paradójicamente, que no haya silencio. 

 LAS LISTAS DE LOS HERIDOS Y LOS MUERTOS… 

 Vecinos reúnen la información en una pared de hojas y cuerdas improvisada a unos metros de la escuela derrumbada.

 Arriba están los desaparecidos; abajo, en una cartulina azul, los nombres de la gente que murió. 

Los datos son canalizados para los familiares en la calle de Brujas, número 13. Se les orienta, coordina y tranquiliza -en los casos de deceso-. 

 A Nestor Daniel Cáceres, voluntario y encargado del muro improvisado, le tocó en las últimas horas hablar con los padres que fueron a recoger malas noticias: sus pequeños habían muerto.



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  “Hay un pequeño por el que vinieron a preguntar muchos: Francisco. Tíos, abuela, no sé, tres, cuatro familiares, y lamentablemente el chiquillo falleció’’, cuenta Cáceres en entrevista para SinEmbargo. “Hay cosas padres también, como el caso de Sofía Reyes. Al principio estaba desaparecida y ya la pudimos ubicar en el hospital Ángeles Acoxpa’’, matiza el hombre. Margarita pensó que no saldría viva de su edificio.

 Ella, vecina del Rébsamen, sintió un movimiento leve -al principio-. Todavía le dio tiempo de abrir y cerrar la puerta de su departamento, el 301. Sin embargo, la situación cambió al intentar bajar las escaleras.

 “Literalmente tuvimos que brincarlas’’, dice con una voz que, aún a 24, denota miedo. 

 La habitante de la zona de Acoxpa, pidió ayuda a las autoridades y a la gente.

 Y es que edificios siguen con el riesgo de caerse, entre ellos el suyo, al cual no ha podido entrar desde ayer.

 “Esto te hace más sensible, ¿no?

 Las cosas materiales van y vienen, pero lo más importante es que estamos vivos. Mis hijos, mi esposo y yo estamos bien. 

La verdad no me interesa (lo material). 

Sé que mucha gente está preocupada por sus documentos y es muy válido, pero la verdad, voy a ser honesta, pensé que no salía. Entonces estamos aquí y gracias a Dios’’, celebra. 

DISPUESTO A MORIR

 Héctor “El Chino’’ Méndez, mejor conocido como el “Topo Mayor’’, dice estar dispuesto a perder la vida entre los escombros del Colegio Enrique Rébsamen, donde autoridades han recuperado al menos 25 cuerpos (21 niños y 4 adultos).

 “El Chino’’, quien participó en las labores de rescate del terremoto que sacudió a la capital en 1985, arribó a la zona una hora después de que las estructuras se cayeran por el movimiento de ayer, y no ha podido tomar respiro, “es una chinga’’, dice

. El “Topo Mayor’’ está seguro de que entre la destrucción que dejaron los 7.1 grados, podrán encontrarse niños vivos, pues, asegura, los menores son más fuertes que los adultos.

 El grupo que dirige, conformado por más de dos decenas de rastreadores, no se marchara de la zona hasta que no exista evidencia de que no queda nadie. “Los topos no paramos’’, advierte. Al “El Chino’’ no le asusta encontrar a la muerte mientras hace su trabajo, “¿por qué anda acá? Son instintos, mira. Instintos de ayudar a la gente, por la supervivencia. 

Si tú estás dispuesto a morir para sacar a un niño, es algo muy superior,. No son mamadas”.

 – ¿Usted está dispuesto a eso?

 – Claro. Si te vas a morir de todos modos, si es haciendo el trabajo para rescatar a un niño, pues a todo dar, ¿no?

 El rescatista pide a quienes quieran ayudar que lleven agua y suero para los que están trabajando y a las autoridades les exige que se encarguen de los gastos de los padres que perdieron a un niño

: “Imagínate, tienen el dolor y todavía tienen que pagar. Solidaridad’’.

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…Y LLEGÓ LA SEGUNDA TARDE, Y LA SEGUNDA NOCHE

 Cerca de las nueve de la mañana, una persona dio señales de vida en el Colegio.

 Desde entonces cada collarín, tanque de oxígeno, pala o pico que se pide, reaviva la esperanza entre las decenas de presentes. ”Silencio, silencio”, suplican cada dos minutos. 

”Por favor, no avance”, se ruega. Cada instante en que se oyen motores o voces de la gente, es uno en el que no se alcanza a distinguir a los atrapados. Frida se le llamó a la pequeña que dio esperanza a la búsqueda que se realiza con un escáner térmico y unidades caninas.

 La pequeña mandó mensajes de auxilio desde su teléfono celular. Y llegó la segunda tarde, y llegó la segunda noche, y la cifra de muertos en México alcanzó los 223, de acuerdo a información oficial. Y las labores de rescate se complicaron, pero los presentes no dejaron de correr, pasar cajas, cargar agua, y levantar los puños, como en la capital del 85, como en el Oaxaca y Chiapas del 2017. 

 La lluvia cayó en el lugar, amenazando con dificultar aún más las labores de búsqueda. Una lona negra permitió seguir con trabajos de rescate. 

 De las grietas que dejó el terremoto de 7.1 grados, con epicentro en Puebla, salieron las tragedias de todos los días. Karla, una joven desaparecida en Guerrero, encontró luz en una pancarta a la mitad del silencio que busca a la niña de entre los restos del colegio. 

”Presidente Lic. Enrique Peña Nieto, estoy secuestrada en Acapulco. 

Ayúdeme a regresar a casa”, era el mensaje dirigido al primer mandatario. Y arribó la segunda noche tras el temblor, y la cifra de desaparecidos y muertos en México coincidió, otra vez.

Con información de sinembargo.mx/

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