Héctor Horacio dio su vida para salvar a su familia de delincuentes en Ecatepec

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Esta es la historia de Héctor Horacio contada de viva voz por una de sus familiares, él es otra víctima de la horrible inseguridad que existe en #Ecaterror: Miércoles 22 de marzo de 2017, aproximadamente a las 06:00 de la mañana, una familia iniciaba tranquilamente su rutina. 

El hombre, esposo enamorado y padre orgulloso, feliz y pleno por sus hijos. La mujer, amante esposa y madre dedicada. Los pequeños, una nena con seis años cumplidos hace poco y un niño de apenas tres años. Se dirigían a dejar a los niños al CENDI del Metro y posteriormente a ganarse el pan de cada día como modestos empleados del Sistema de Transporte Colectivo. 

En esa fecha fatídica la vida de esa feliz familia dio un terrible giro de 180 grados cuando su auto, que circulaba por la Vía Morelos, fue interceptado por un vehículo donde viajaban varios sujetos que le ordenaron al hombre que se bajara del auto a la altura del cruce con la calle Cuauhtémoc. 

Si hubiera ido solo, habría obedecido al instante y sin dudarlo; tal vez incluso si sólo se hubiera tratado de ambos adultos jamás se habrían opuesto a bajarse de inmediato del vehículo… pero sólo él iba despierto y el inmenso amor por su familia le hizo tomar la osada decisión de tratar de huir al creer que se trataba de un intento de secuestro de los indefensos seres que eran todo su mundo y reaccionó instintivamente para protegerlos y esto fue lo que le costó la vida.



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 Esos sujetos cobardes no son simples ladrones de autos; son asesinos desalmados que no vacilan en desquitar su estúpida frustración tirando balazos sin miramientos al encontrar resistencia a su intento de apoderarse de un objeto material cuyo valor no se equipara con el dolor que provocan al vestir de luto los hogares de las personas a las que les siegan la vida, sumiendo a sus familias en la más terrible desolación e impotencia.

 Pero ellos no son los únicos culpables. La inoperancia de las autoridades cuyo deber es garantizar la seguridad de la ciudadanía raya también en la criminalidad. Once días antes, salió una nota periodística en la que se reporta a otro hombre ultimado de siete impactos de bala a unas cuantas cuadras del asesinato del padre que intentó proteger a su amada familia; para justificar su ineficacia, las autoridades achacan cínicamente al crimen organizado y un supuesto “ajuste de cuentas” el crimen del segundo hombre, que no portaba arma, al que intentaron robarle un Audi y le dispararon al menos veinte veces. 

Esa zona en que la delincuencia infame ha sentado sus reales ante la indolencia, ineficacia y obvia corrupta complicidad de la policía, es un foco rojo desatendido por el municipio y el gobierno del Estado, más ocupados de tiempo completo en un banal activismo de promoción electorera, que en cumplir las obligaciones constitucionales que corresponden a sus altos cargos y los sueldos que no ganan a pulso. 

Su desesperada esposa trató en vano de hacer que algún vehículo se detuviera para auxiliarlos, pero nadie lo hizo porque el miedo es más grande que el sentido de colaboración. Inmediatamente llamó a la ambulancia, que tardó cuarenta minutos en llegar, cuando ya era demasiado tarde, a pesar de que hay un hospital a un par de cuadras del lugar del fatídico suceso. 

El hombre que ofrendó su vida tratando de salvar a su familia se llamaba Héctor Horacio Zavala Zavala; era gentil y amable, siempre con la sonrisa a flor de labios, un hombre de bien, responsable, considerado y solidario, de ahí que a su funeral acudieran cientos de personas, entre familiares, amigos de la infancia y compañeros de trabajo, atónitos y consternados por la terrible tragedia.

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Es una lástima que, a pesar de que tenía cédula profesional por haber concluido la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, no fuera periodista, para que los medios noticiosos, televisivos, radiofónicos y electrónicos, se desgañitaran hasta el cansancio clamando justicia por su cobarde asesinato. 

Es una lástima que no perteneciera a una élite artística, política o social para que la opinión pública se volcara en una oleada de indignación exigiendo a las autoridades que capturaran a los sanguinarios criminales que truncaron su vida de golpe. Él solamente es uno más de tantos cientos o miles de personas víctimas de una delincuencia sin control. 

Es solamente una cifra y su desconsolada familia no tiene la mínima esperanza de que su crimen no quede impune, como la abrumadora mayoría de los cometidos en México. Su viuda y sus pequeños hijos se suman a los miles de seres que lloran la pérdida de un ser amado y necesario en sus vidas y no hay quien clame justicia por ellos; no tienen a quien haga girar los oxidados engranes de la maquinaria de la justicia para que la pena que ellos sufren no la padezcan más familias; desgraciadamente, solo son seres sin voz.

Con información de denunciaecatepec.com

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